Un poco más sobre

Anskar Caballero

Nací en Mayo de 1975, en Sabadell. A los dos días de nacer, nos dieron el alta a mí y a mi querida madre para poder volver a nuestro pueblo habitual del que ya era antes de nacer: Cerdanyola del Vallés.

A medida que fui creciendo, mostraba una forma de ser muy afable, algo trasto, como la mayoría de les niñes, pero sin merecer castigo alguno o motivo de enfado. Esto está contrastado, todo lo que escribo de esta época está verificado por mi madre, incluso dice que una de las frases que mi abuelo repetía cuando me sacaba a pasear era que “A aquest nen s’el pot dur a qüalsevol lloc”.

Se me empezó a notar un carácter desvergonzado. Hacía reír sin querer, era un niño “graciso” por eso, aún a fecha de hoy me gusta decir que soy cómico, no de profesión, si no que hago reír sin querer: resulto cómico.

Mi padre era Andaluz, y toda la familia de inmigrantes se juntaba los Sábados por la tarde en casa de los abuelos y recuerdo que mi padre me hacía contar chistes para animar esas veladas. En el colegio los profesores me pedían imitaciones y recuerdo actuaciones cómicas en fiestas del colegio.

En cuanto terminé los estudios básicos, mi tutora quiso hablar con mis padres para encaminar mi futuro que claramente debía ser dirigido a las artes escénicas y ya con 16 años entré al Institut del Teatre.

Estudiar no me gustaba demasiado y quise estudiar al menos algo que me diera de comer, puesto que de siempre he sido una persona muy independiente y no quería que nadie me mantuviera. Así que estudié mecánica Industrial y empecé a trabajar como tornero fresador ajustador para poder sustentarme, y seguir haciendo esos cursos de clown que tantas satisfacciones me daban.

Por esa época más o menos es cuando me empecé a interesar por las religiones y la espiritualidad en general. Era algo que me apasionaba, como tienen tanto poder sobre el ser humano y su parte esotérica y las energías. Leía todo lo que podía sobre esos temas.

Y llegó el conflicto:

Quiso el destino que tuviera un accidente de moto bastante grave.

Rotura de cadera y más de un año sin poder andar bien y en silla de ruedas. Muchas horas para leer, mucho tiempo para pensar
¿Qué pasaría cuando volviera a mi vida normal? Estaba contento con mi vida, si, pero no satisfecho. Algo no me cuadraba.

Y me observé.
Siempre he sido una persona extremista, cuando hago las cosas las hago al máximo, con intensidad. Lo mejor posible. Y yo no era yo. El nombre que tenía, me lo habían puesto mis padres. Estaba bautizado. Vivía con mis padres y en cierto modo, dependía aún de ellos.

«Así que decidí resetearme lo mejor que pude:»

Me cambié el nombre.

Mi intención era empezar de cero, pero por respeto a mis padres, quise mantener algún vínculo con el nombre que me pusieron, además de que creo en el destino y en el nombre que te ponen al nacer, así que busqué la raíz del nombre que tenía y así fue: Anskar

Me desbauticé.

Soy apóstata. Mi trabajo me costó, pero por una casualidad de la vida (justo vino a hacerse un piercing el secretario del arzobispo) conseguí la documentación necesaria y su aprovación.

Me prometí no estudiar ni trabajar en nada en lo que no creyera realmente ni aceptar dinero si no había sido ganado por mí.

Ser completamente autónomo.

Mi estética era bastante estrafalaria; alternativa, llevaba peinados y atuendo cibernéticos (crestas naranjas, cejas depiladas o maquilladas en punta, varios piercings en la cara, plataformas, zapatillas con pinchos, camisetas infantiles, etc…) por lo que tenía muchas dificultades en encontrar trabajo y no acaba de encontrar mi vocación, ya que vivir de clown era prácticamente imposible.

Pero “gracias” al accidente, pude hacerme con un pellizco económico que invertí en un curso para aprender a hacer piercing: Ya que la sociedad me daba problemas para encontrar empleo, iba a revelarme contra ella generando aún más personas con perforaciones. De esa “rabia” contra el sistema nació otra de mis pasiones además de la comedia: El bodypiercing. Así que empecé un curso en un conocido centro de Barcelona y como se notaba que yo hacía eso por vocación, no por lucrarme demasiado, se me dio la oportunidad de entrar a trabajar allí y mi vocación se convirtió en profesión: Si haces algo porque realmente te gusta, va a salir bien. Y ahí es donde me dediqué al 100% a lo que me gustaba: El piercing y la risa.

Todos estos conflictos y otros personales (la pérdida de mi padre, dificultades para la vivienda, montar mi propia empresa, problemas de salud…) y mis conocimientos budistas me han hecho una persona muy optimista. He vivido varios episodios de resiliencia y superación personal. Así que sobre lo que más he leído y he practicado es sobre la psicología positiva.

Y este soy yo.

Un piercer con un estudio de tattoo propio. Miembro de una compañía de payasos. Con una personalidad muy optimista y cargado de psicología positiva.